Dieta disociada
Esta dieta,
una de las más famosas de la historia, se basa en la presunción de que al
consumir un solo tipo de alimentos por día –sin aporte de líquidos- se terminará
por tener una sensación de saciedad prematura que quitará el deseo de seguir
consumiendo alimentos.
Pese a que no hay límites en la cantidad de alimentos (siempre de un solo tipo
por día), la cantidad de calorías que aporta es de 1150 por día.
Sin embargo, su mismo mecanismo de acción es su mayor desventaja: la monotonía
que la caracteriza hace que no pueda continuársela durante mucho tiempo, y
siempre está latente el riesgo de que el aburrimiento provoque atracones que
hagan recuperar todo el peso perdido hasta el momento.
Este es, por otra parte, el mayor argumento en contra de parte de los
nutricionistas, para quienes lo fundamental es un cambio de hábitos alimentarios
permanente, que esta dieta no puede proporcionar.
Sin embargo, si tu
sobrepeso no es muy importante –y tienes fuerza de voluntad- esta dieta
puede permitirte perder unos cinco kilos en forma relativamente rápida, que no
volverás a ganar siempre y cuando te sigas cuidando con otro tipo de régimen
alimentario una vez alcanzado ese objetivo.
Menú de la dieta disociada
La dieta se distribuye así:
Día 1: lácteos, siempre descremados y saborizados. Omitir los frutados y
los que contienen cereales.
Día 2: verduras, crudas o cocidas, condimentadas con una cucharadita chica de aceite de oliva y una pizca de sal. Omitir la papa y la batata (boniato).
Día 3: carnes, hasta 500 g en el día. Elija los cortes con menos grasa, y cocine siempre a la parrilla o sartén de teflón, sin aceite.
Día 4: frutas. Preferir las que tengan menos azúcar, y omitir siempre las uvas y las bananas.
Día 5: Se pueden mezclar frutas y verduras, con las mismas características especificadas en los días tres y cuatro.
No se pueden reemplazar los alimentos ni alterar los días, y no existen límites en las cantidades permitidas.