¿Estás comiendo de más sin darte cuenta?
¿Y cómo es esto posible? Los expertos
afirman que es más fácil de lo que creemos, gracias a nuestros hábitos más
fuertemente arraigados —como el acompañamiento inconsciente de actividades con
comidas puede hacer que comamos más de lo que creemos—.
Con frecuencia, comemos en piloto automático, asociamos los alimentos a ciertas
actividades o momentos del día, y no prestamos atención a cuánto estamos
consumiendo, o a cuánto estamos consumiendo de más.
Ya sean unas crujientes papitas fritas mientras navegas en la Web, o aferrarte a
una botella de dos litros de bebida cola mientras hablas por teléfono, o,
simplemente, la combinación de dos alimentos —como abrir la caja de rosquillas
cada vez que percibes el aroma de tu café matinal—, los expertos afirman que los
antiguos hábitos son duros de matar, incluso cuando estamos bajo estrictas
dietas.
Asociación inconsciente
Nuestro cerebro almacena cosas de una forma que hace más fácil la vida para ti,
de modo que si haces las cosas en cierta manera una determinada cantidad de
veces, es porque tu cerebro dice que está bien cómo lo estás haciendo. Cuando
estos hábitos incluyen alimentos, la ingestión excesiva de alimentos puede
convertirse en una simple cuestión de asociación inconsciente.
Si la respuesta a un estímulo es recompensada continuamente, esa respuesta
rápidamente quedará ligada a ese estímulo. En consecuencia, si siempre
satisfaces la idea de beber una taza de café haciéndote de una rosquilla,
entonces esos dos pensamientos se conectarán en tu cabeza.
Pero no sólo se trata de asociaciones hechas en tu cerebro. También son
arrebatos, más conocidos como antojos. Si, por ejemplo, tenemos ese café y esas
rosquillas juntos en reiteradas ocasiones, no sólo estaremos condicionados para
alcanzar esos dos alimentos juntos, sino que nuestra cabeza establecerá un
sistema de antojos que asegurará que esto así sea. ¿Qué quiere decir esto? Que
si tomas café y comes una rosquilla cada mañana durante 90 días consecutivos, la
mañana 91º, cuando estés sirviéndote el café, tendrás el deseo de comer una
rosquilla, ya que ambos están ligados en tu cerebro.
Los antojos no son fenómenos que se produzcan al azar. Nunca sentirás un antojo
por un alimento que no has probado. Debemos aprender ciertas cosas en vistas de
que nuestro cerebro pueda anhelarlas. Y cuando repetimos algo la cantidad de
veces suficiente, el antojo se vuelve parte del repertorio de nuestro cerebro.
Rompiendo las cadenas
Dado que el primer paso para quebrar cualquier hábito es desear quebrarlo, es
importante comprender por qué quieres cambiar. La plataforma de construcción
siempre es la motivación y, en vistas de hacerla funcionar, esta motivación debe
ver verdaderamente intrínseca. El cambio debe representar los beneficios que
quieres. Si simplemente intentas congraciarte con tu pareja, con un familiar, o
con tu doctor, difícilmente alcances buenos resultados.
Una vez que tus motivaciones son claras, los expertos coinciden en que habrá
llegado el momento de identificar los hábitos más arraigados. ¿Siempre te echas
en el mismo lugar del sofá, a mirar el mismo show televisivo y con el mismo bowl
de papitas en tus manos? Si es así, posiblemente vayas a comerte todas esas
papitas, incluso cuando no hayas planificado hacerlo.
La conducta de ingesta es muy parecida a los eslabones de una cadena: cuando te
encuentras en forma continua en una situación que te induce a la comida y tú
cedes ante este deseo, refuerzas el eslabón de una cadena de comportamientos que
es muy similar a estar en piloto automático. Para comenzar a cambiar esta
conducta, es necesario romper un eslabón de la cadena. Cambia el horario de tus
comidas, el programa de televisión que miras, el bowl en el que pones las
papitas, o come con tu mano izquierda en lugar de la derecha. El punto es hacer
que tu cerebro trabaje un poco de modo que cada mordisco que des sea un acto
consciente y no algo aprendido o automático.
También puede ser de ayuda llevar un diario alimenticio y luego estudiarlo para
ver cómo puedes estar asociando ciertas comidas con actividades, eventos, e
incluso horarios del día. Son muchas las personas que comen a raíz de estímulos
externos. De hecho, gran parte de la alimentación se basa en la asociación más
que en el hambre.
Buenos hábitos para costumbres malas
Mientras que cambiar los estímulos externos es una posibilidad, la otra es
intentar mantener el hábito pero hacerlo más saludable. Como estrategia, se la
conoce como intervención conductual. Se trata de poner algo que es bueno para ti
y te gusta en lugar de algo que no es tan bueno para ti y que también te gusta.
Si, por ejemplo, siempre bebes un vaso de leche y galletitas de chispas de
chocolate antes de ir a la cama, cuando se acerque la hora de ir a dormir,
mantén el vaso, el plato de galletitas, y el lugar donde consumes el snack en
las mismas condiciones que siempre, pero sustituye las galletitas altas en
grasas y calorías por una graham cracker, por mencionar algún tipo de galletita
saludable. De esta forma, no estarás poniendo demasiada presión sobre tu
cerebro. Tú hábito será similar, así que será más fácil de aceptar. Aún cuando
no logres salir del todo del piloto automático, habrás tomado una decisión que
tendrá impacto en tu peso.
Una vez que esto ocurre, las influencias ambientales comenzarán a funcionar para
formar un nuevo hábito. Sin dudas, será necesario algo de disciplina, pero si
consigues hacer ese quiebre inicial en tu hábito, aquellos cambios ambientales
comenzarán a reforzar una nueva conducta en tu cabeza. Habiendo dicho esto, es
preciso que tengamos en cuenta que, en las primeras etapas de cambio de un
hábito, deberemos tolerar cierto grado de disgusto. Es algo que ocurre siempre y
que no tiene que ser doloroso ni miserable, y que simplemente tiene que ver con
salir de la zona común de confort y reconocer que estamos haciendo algo que nos
hará sentir extraños hasta que nuevos patrones de conducta sean creados.
En cualquier caso, lograrás facilitar un poco el proceso si consigues encontrar
una sensación de satisfacción al romper tu hábito alimenticio. Tú quieres
sentirte bien contigo mismo, tú quieres saber que la comida no te dice lo que
debes hacer, que tú puedes hacer lo que quieres con la comida. Esto resulta
relajador para el cerebro y puede ayudar a equilibrar ese disgusto que sientes
al moverte de lo familiar a lo desconocido.
Consejos prácticos
Mientras que cambiar la forma en que pensamos —y las asociaciones que hacemos—
puede parecer difícil, cambiar nuestra conducta actual podría ser más fácil de
lo que creemos. Para ayudarte a empezar, aquí van seis cosas que puedes hacer en
este preciso instante:
· Como lo que quieras, pero siempre sentado en la cocina o en la mesa del
comedor. Sin cambiar los alimentos, pero sí cambiando los lugares donde los
ingieres, conseguirás romper parte de la asociación que haces con la comida.
Esto, asimismo, podría ayudarte a cambiar cuánto comes y cuán a menudo comes.
· Cambia lo que puedas de tus hábitos alimenticios, incluso la forma en que
comes. Si siempre sostienes la cuchara del helado con tu mano derecha, sujétala
con la izquierda; si siempre comes fuera del contenedor, pon los alimentos en un
bowl. La idea es salirte del piloto automático de modo que puedas comenzar a
pensar en lo que estás comiendo y por qué lo estás comiendo.
· Evita los estímulos visuales que te incitan a comer. Si siempre piensas en
comer una barra de dulce cada vez que pasas cerca de una máquina expendedora de
comidas, conscientemente salte del camino y ya no pases por allí. Lo mismo se
aplica si la televisión es un disparador para ti. No comas frente al televisor
si acostumbras a hacerlo, o cambia de canal si asocias determinado show con la
ingestión de una pizza deliciosa o una porción de nachos con salsa cuatro
quesos.
· Establece la regla de los 15 minutos. Entrénate para esperar 15 minutos ni
bien tu cerebro dé la orden de comer algo. Esto puede servir para romper el
ciclo automático de respuestas en tu cabeza y, en consecuencia, ayudará a
eliminar las viejas asociaciones.
· No intentes deshacerte de todos tus hábitos alimenticios nocivos de una sola
vez. Si lo haces, tu nivel de incomodidad crecerá tanto que tu cerebro
inmediatamente regresará al estado en que se siente más confortable. Al mismo
tiempo, focalizar sobre uno o dos hábitos dará a tu cerebro la comodidad
suficiente como para tratar el asunto, y, eventualmente, aprender un nuevo
comportamiento.
· Haz de la comida una actividad única y otórgale toda tu concentración. Aléjate
de ese BlackBerry un instante, abandona el escritorio de la computadora,
apártate del teléfono, y sólo concéntrate en comer. Mientras más desligues la
comida de otras actividades, será menos posible que los indicadores exteriores
te digan cómo y cuánto comer.